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Diversidad y singularidad: oportunidades de mejora desde la acción pedagógica

  • Foto del escritor: Hector Devia Robayo
    Hector Devia Robayo
  • 11 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

Educacion inclusiva desde la singularidad
Educación inclusiva desde el Modelo Unadista Heutagógico olidario

Evento de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia – UNAD, 11 de noviembre de 2025. Orientado por: Diana Tabarquino y Suria Alexandra Meléndez


Introducción

El evento “Diversidad y Singularidad: Oportunidades de mejora desde la acción pedagógica”, desarrollado en modalidad de videoconferencia el 11 de noviembre de 2025, constituyó un espacio académico de reflexión y actualización docente en el marco del proceso de redefinición del rol del docente de inclusión en la UNAD. Bajo la orientación de Diana Tabarquino y Suria Alexandra Meléndez, la jornada se inscribió dentro del marco del Modelo Heutagógico Unadista Solidario 5.0 (MHUS 5.0), el cual promueve un aprendizaje autónomo, colaborativo y solidario centrado en el estudiante como protagonista de su proceso formativo.


El MHUS 5.0 promueve una educación centrada en la comunicación, la ética, la inclusión y la equidad. Utiliza la tecnología para crear interactividad y conexión en el aprendizaje, lo cual es típico de la educación a distancia 5.0. En este contexto, la Sala de Docente de Inclusión se convierte en un lugar para conversar y crear juntos, donde se consideran nuevas formas de trabajo que aseguran el derecho a la educación de manera justa y humana.


Singularidad y dignidad: un enfoque humanista

Uno de los ejes centrales del evento fue la distinción entre singularidad y categorización. La docente Diana Tabarquino subrayó la necesidad de reconocer a cada persona en su unicidad irrepetible, rechazando los enfoques que clasifican a los estudiantes en función de diagnósticos o etiquetas. Desde esta perspectiva, la educación inclusiva no parte de la condición médica o de la discapacidad, sino de las potencialidades y fortalezas que cada estudiante posee.


Por su parte, Suria Alexandra Meléndez enfatizó la humanización en el trato educativo, recordando que los docentes deben dirigirse a los estudiantes por su nombre y no por su diagnóstico. Este gesto elemental —aparentemente menor— tiene un profundo impacto en la construcción de relaciones de respeto, confianza y reconocimiento mutuo. En palabras de Suria, “debemos dirigirnos a las personas según quienes son, no reducirlas a una condición médica”.


Diagnóstico no es pronóstico: una visión pedagógica centrada en las posibilidades

Uno de los aportes más relevantes del encuentro fue la reflexión sobre el papel del diagnóstico en el acompañamiento pedagógico.Diana Tabarquino recalcó que “un diagnóstico no es un pronóstico”, pues no determina lo que una persona puede o no puede lograr. En este sentido, el rol del docente de inclusión no es diagnosticar, sino escuchar activamente, comprender y acompañar desde una perspectiva educativa.


Como explicó la orientadora, los diagnósticos médicos corresponden a los profesionales de la salud, mientras que los docentes deben centrarse en el acompañamiento educativo y el fortalecimiento de las capacidades del estudiante. La función del educador es ayudar a descubrir cómo el estudiante aprende mejor, escuchando su propia voz. “La mejor persona que se conoce es uno mismo”, enfatizó Diana, destacando la importancia de que el estudiante comunique directamente sus necesidades y preferencias.


Acompañamiento holístico e integral

Durante el evento, María del Pilar compartió experiencias inspiradoras sobre el impacto del acompañamiento empático e individualizado. Su testimonio evidenció que el trabajo de los docentes de inclusión va mucho más allá de los cursos o contenidos, abarcando la dimensión emocional y humana del proceso educativo.


Se destacó la necesidad de un acompañamiento holístico, que considere no solo las dificultades académicas, sino también el bienestar integral de los estudiantes. La empatía, la escucha activa y el reconocimiento de la historia personal de cada estudiante pueden convertirse en herramientas capaces de transformar vidas y fortalecer la permanencia educativa.


Lenguaje inclusivo y transformación conceptual

Otro punto de análisis fue el uso del lenguaje inclusivo en los contextos educativos. Los participantes coincidieron en la urgencia de erradicar expresiones como “necesidades educativas especiales” o “habilidades diversas”, que perpetúan la diferencia desde una visión deficitaria. En su lugar, se propuso adoptar la expresión “estudiantes que requieren apoyo diferencial”, más coherente con el principio de equidad y respeto a la singularidad humana.


El lenguaje, como herramienta de pensamiento, tiene un papel determinante en la construcción de realidades. Cambiar las palabras con las que nos referimos a los estudiantes implica transformar también la manera en que los vemos y los acompañamos.


Bienestar emocional y aprendizaje

Desde la perspectiva neuroeducativa, Liz Scarlett aportó una visión científica al destacar la relación entre el bienestar emocional y la capacidad de aprendizaje. El cerebro aprende mejor cuando el entorno es emocionalmente seguro y estimulante. Por ello, los docentes de inclusión deben propiciar ambientes de confianza, donde el error se asuma como parte natural del proceso y la diversidad sea reconocida como una oportunidad de crecimiento compartido.


Tareas fundamentales para los docentes de inclusión

Del diálogo académico se desprenden tareas esenciales que deben guiar la labor de los docentes de inclusión en la UNAD:

  1. Escucha activa antes del diagnóstico: establecer una comunicación directa con cada estudiante para comprender sus necesidades, evitando suposiciones o prejuicios.

  2. Proximidad y conocimiento del contexto: comprender la historia, entorno y condiciones de vida del estudiante para brindar un acompañamiento situado.

  3. Autorreflexión pedagógica: analizar las propias creencias y actitudes del docente hacia la diversidad para reconocer sesgos personales.

  4. Percepción de posibilidades: enfocarse en las fortalezas, intereses y talentos del estudiante, no en sus limitaciones.


Aplicaciones prácticas en la acción pedagógica

El evento dejó en evidencia que la inclusión requiere acciones concretas y sostenidas en el quehacer docente. Algunas de las aplicaciones prácticas sugeridas fueron:

  • Uso coherente del lenguaje inclusivo, eliminando términos desactualizados y adoptando expresiones que reflejen respeto y equidad.

  • Acompañamiento personalizado, mediante planes de apoyo construidos a partir de la singularidad del estudiante, y no de protocolos generalizados.

  • Construcción de vínculos auténticos, promoviendo la confianza y la comunicación bidireccional.

  • Trato digno y humanizado, donde el estudiante sea siempre reconocido como sujeto activo de su propio aprendizaje.


Conclusión: Hacia una educación verdaderamente inclusiva

El evento “Diversidad y Singularidad: Oportunidades de mejora desde la acción pedagógica” se consolidó como un hito en el proceso de transformación institucional de la UNAD hacia una educación inclusiva, humanista y solidaria.


El mensaje central fue claro: la verdadera inclusión comienza cuando dejamos de clasificar y comenzamos a comprender; cuando los docentes reconocen que su papel no es diagnosticar, sino acompañar, escuchar y potenciar las capacidades individuales de cada estudiante.


El Modelo Heutagógico Unadista Solidario 5.0 proporciona el marco adecuado para esta evolución educativa, ya que sitúa al estudiante en el centro del proceso, promueve la autonomía y apoya una comunidad de aprendizaje basada en la solidaridad y

Más que un evento, esta jornada fue una invitación a mirar al estudiante desde la singularidad que lo hace humano, recordando que la educación, en su sentido más profundo, es un acto de respeto, empatía y esperanza.

 
 
 

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